Puedes coger el aire y comprimirlo;
aspirarlo, batirlo con aire de abanico.
Puedes valerte de él y usarlo
como puntual y poderoso amigo,
o que se haga sonido en la trompeta,
o en un poema musical el ritmo.
Puedes querer que sea, y será hecho,
el neuma sustancial y poderoso
del vuelo de tu vida.
Puedes coger el agua y contenerla;
beberla, derramarla, consumirla,
congelarla, haciendola concreta,
contemplarla en la fuente,
oírla susurrar en la cañada
y en cuerpo y alma bautizarte en ella.
Puedes dejar que el agua
te arrulle en la cascada, cristales
derretidos del espejo del alma,
y sonreir celoso por un beso
de espuma en la roca bañada.
Puedes coger el sol
por sus ardientes rayos;
someter su energía, aprovechar
sus besos de luz y de calor;
pintarlo en el paisaje,
cantarle placentero en las mañanas
y en las tardes decirle tímidamente: adiós.
Puedes coger la noche y cubrirte con ella,
y hacer barricadas
de luces para herirla.
Puedes coger la noche
y contar las luciernagas
del vasto firmamento,
y alabar la grandeza
del arte de Sus dedos,
los dedos que en la noche
formaron las estrellas.
Puedes tomar del aire lo que quieras
y del agua, y del sol. Y en las noches.
cuando las exclusivas acechan al poeta,
dormir sin preocuparte del derecho de autor.
Rodolfo Loyola
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1.4.09
Mi iglesia, Rodolfo Loyola
Mi iglesia tiene muchas campanas
de lenguas vivas que de amor laten,
que tañen, tañen sus alabanzas
hacia el Lucero de la mañana.
Mi iglesia está hecha toda de piedras,
piedras labradas a la medida,
piedras que crecen y se entremezclan
en sus columnas blancas y negras.
Mi iglesia suele ir al colegio,
a la oficina y a los mercados;
está en las casas y asiste al templo,
y por las calles va predicando el Evangelio.
Mi iglesia es única y es multiforme,
La adornan rostros, brazos y pámpanos
que afloran frescos frutos, y dones,
porque la nutre Dios hecho hombre.
de lenguas vivas que de amor laten,
que tañen, tañen sus alabanzas
hacia el Lucero de la mañana.
Mi iglesia está hecha toda de piedras,
piedras labradas a la medida,
piedras que crecen y se entremezclan
en sus columnas blancas y negras.
Mi iglesia suele ir al colegio,
a la oficina y a los mercados;
está en las casas y asiste al templo,
y por las calles va predicando el Evangelio.
Mi iglesia es única y es multiforme,
La adornan rostros, brazos y pámpanos
que afloran frescos frutos, y dones,
porque la nutre Dios hecho hombre.
Se acerca el día, Rodolfo Loyola
Madrugada sin sueño del sereno,
pero con el cansancio de este siglo,
ciudad acurrucada en madrigueras
de dormidos portales sin Cristo.
¿Será posible que me sorprenda el día
sin lograr un intento?
Ya voy perdiendo todo,
lo que no quiero y quiero:
La soledad, el ladrido lejano,
el miedo, el asombro de un paso,
la sonrisa, el silencio...
Ya está al raya el alba,
lo intuye esta locura de sereno
que se queda contando los minutos
por ver si alguien despierta:
Ya está al romper el día,
¿Para qué quiero el sueño?
pero con el cansancio de este siglo,
ciudad acurrucada en madrigueras
de dormidos portales sin Cristo.
¿Será posible que me sorprenda el día
sin lograr un intento?
Ya voy perdiendo todo,
lo que no quiero y quiero:
La soledad, el ladrido lejano,
el miedo, el asombro de un paso,
la sonrisa, el silencio...
Ya está al raya el alba,
lo intuye esta locura de sereno
que se queda contando los minutos
por ver si alguien despierta:
Ya está al romper el día,
¿Para qué quiero el sueño?
17.10.07
Hoy no te pido nada, Rodolfo Loyola
Hoy no te pido nada
Jinete de los vientos,
me has dado tanto, tanto
que contarlo no puedo.
Sin que te lo pidiera
llenaste el firmamento
de estrellas y planetas
para yo verte en ellos.
Ya me diste los árboles,
las flores, el pan nuestro,
y las sabias abejas,
y el canto del jilguero.
Ya me diste la lluvia,
y la noche y el sueño,
más la fe para hallarte
en el vasto universo.
Me has dado las respuestas
de antemano, y por eso
hoy no te pido nada,
mañana, ya veremos.
Jinete de los vientos,
me has dado tanto, tanto
que contarlo no puedo.
Sin que te lo pidiera
llenaste el firmamento
de estrellas y planetas
para yo verte en ellos.
Ya me diste los árboles,
las flores, el pan nuestro,
y las sabias abejas,
y el canto del jilguero.
Ya me diste la lluvia,
y la noche y el sueño,
más la fe para hallarte
en el vasto universo.
Me has dado las respuestas
de antemano, y por eso
hoy no te pido nada,
mañana, ya veremos.
6.3.07
Pero si tu, Rodolfo Loyola
Es poca el ansia de vivir que siento,
pero si Tú me dices vive: Viviré.
Es poco el celo de escalar que aliento,
pero si Tú me dices sube: Subiré.
Es mucho el miedo de sufrir que tengo,
pero si Tú me dices sufre: Sufriré.
Me acosa el hambre de saber lo eterno,
pero si Tú me enseñas Padre, saciaré.
pero si Tú me dices vive: Viviré.
Es poco el celo de escalar que aliento,
pero si Tú me dices sube: Subiré.
Es mucho el miedo de sufrir que tengo,
pero si Tú me dices sufre: Sufriré.
Me acosa el hambre de saber lo eterno,
pero si Tú me enseñas Padre, saciaré.
28.12.06
¡Así quisiera amarte!, Rodolfo Loyola
¡Así quisiera amarte!
con la misma pasión de los amantes
que por primera vez se besan.
¡Así quisiera amarte!
Despojado de toda mi bajeza;
que me broten del alma, como a un niño,
las palabras bañadas de inocencia.
¡Así quisiera amarte!
En la lucha titánica y tremenda
por arrancar del corazón humano
el odio, el egoísmo y el holocausto inútil de la guerra.
¡Así quisiera amarte!
en el camino ascendente donde tantos te dejan
en el afán de verte convertir en alfombras las piedras.
¡Así quisiera amarte!
como Saulo de Tarso con los pies en cadenas
y esperando de Nerón la bárbara sentencia.
¡Así quisiera amarte!
como el joven Daniel
a ti sonriendo entre un rugir de fieras
o bendecirte con el último aliento
como el mártir Esteban.
¡Así quisiera amarte!
como el patriarca Abraham con el cuchillo en alto,
dolorido y sin fuerza,
pero dispuesto a hundirlo sobre lo más querido
si tu voz me lo ordena
¡Así quisiera amarte!
en esas diez centellas de tu ley
que matan, que dan vida y atormentan;
hacer de mi cerebro un Sinaí
y de mi alma y corazón
dos tablas que pregonen tu existencia.
¡Así quisiera amarte!
cuando los sabios y filósofos, para negarte,
se llenan de soberbia
y te niegan en el Cristo infinito,
en la materia indestructible,
en la casualidad acaso;
decir yo como Arquímedes: ¡Eureka!
te he encontrado en la vida y en la muerte,
hasta en la inteligencia misma que te niega,
y orgulloso mostrarte palpitante
en cada una de mis células.
¡Así quisiera amarte!
entre montañas de volúmenes
de sugestivos títulos y materias diversas
para rendirle culto a la moral, a la razón, la inteligencia,
y a ti, la causa de las causas, te desechan.
Y al saberme entre tanta aparente abundancia
de comidas espléndidas,
postrarme a tus pies rendido
a esperar las migajas de tu mesa.
¡Así quisiera amarte!
Como Tú me has amado: Sediento, maldecido, con espinas y clavos, diciendo con el precio de la sangre:
¡Te amo, sí, te amo!
¡Así quisiera amarte!
Más, si la fe me falta,
si soy débil y cual Pedro te niego,
vuelve, Señor, inquiéreme:
"¿Me amas?"
y al saberme llorando me dirás como a Pedro:
"Apacienta mi rebaño".
¡¡ASÍ, SEÑOR, ASÍ QUISIERA YO AMARTE!!
con la misma pasión de los amantes
que por primera vez se besan.
¡Así quisiera amarte!
Despojado de toda mi bajeza;
que me broten del alma, como a un niño,
las palabras bañadas de inocencia.
¡Así quisiera amarte!
En la lucha titánica y tremenda
por arrancar del corazón humano
el odio, el egoísmo y el holocausto inútil de la guerra.
¡Así quisiera amarte!
en el camino ascendente donde tantos te dejan
en el afán de verte convertir en alfombras las piedras.
¡Así quisiera amarte!
como Saulo de Tarso con los pies en cadenas
y esperando de Nerón la bárbara sentencia.
¡Así quisiera amarte!
como el joven Daniel
a ti sonriendo entre un rugir de fieras
o bendecirte con el último aliento
como el mártir Esteban.
¡Así quisiera amarte!
como el patriarca Abraham con el cuchillo en alto,
dolorido y sin fuerza,
pero dispuesto a hundirlo sobre lo más querido
si tu voz me lo ordena
¡Así quisiera amarte!
en esas diez centellas de tu ley
que matan, que dan vida y atormentan;
hacer de mi cerebro un Sinaí
y de mi alma y corazón
dos tablas que pregonen tu existencia.
¡Así quisiera amarte!
cuando los sabios y filósofos, para negarte,
se llenan de soberbia
y te niegan en el Cristo infinito,
en la materia indestructible,
en la casualidad acaso;
decir yo como Arquímedes: ¡Eureka!
te he encontrado en la vida y en la muerte,
hasta en la inteligencia misma que te niega,
y orgulloso mostrarte palpitante
en cada una de mis células.
¡Así quisiera amarte!
entre montañas de volúmenes
de sugestivos títulos y materias diversas
para rendirle culto a la moral, a la razón, la inteligencia,
y a ti, la causa de las causas, te desechan.
Y al saberme entre tanta aparente abundancia
de comidas espléndidas,
postrarme a tus pies rendido
a esperar las migajas de tu mesa.
¡Así quisiera amarte!
Como Tú me has amado: Sediento, maldecido, con espinas y clavos, diciendo con el precio de la sangre:
¡Te amo, sí, te amo!
¡Así quisiera amarte!
Más, si la fe me falta,
si soy débil y cual Pedro te niego,
vuelve, Señor, inquiéreme:
"¿Me amas?"
y al saberme llorando me dirás como a Pedro:
"Apacienta mi rebaño".
¡¡ASÍ, SEÑOR, ASÍ QUISIERA YO AMARTE!!
27.10.04
Hoy estuve con Él, Rodolfo Loyola
Hoy estuve con Él,
pero no es apropiado que lo diga.
¡Se está tan bien junto a tus pies,
huérfano de palabras,
saturado de besos y perfumes
como María en Betania!
Hoy palpé su presencia
como nunca. Me desnudé ante Él,
¡y era tan transparente su mirada!
Girasoles de oro
poblaban el espacio
entre su ser y mi alma.
Y aquí estoy, como Adán
profanando su huerto,
tomando del fruto prohibido
escribiendo un poema
que debió ser inédito.
¡Que bueno fue llorar de amor y asombro!
A mi me pareció que no era azul,
pero eso es lo de menos.
Se llega con el alma desflecada
a pedir nuevas velas por si hay pesca.
Y te das cuenta que en su mar adentro
ni una gaviota cae sin que Él lo sepa.
Y es tan íntimo el gozo,
tan sublime el silencio,
tan tímidos los gestos...
Y afuera el tiempo con el ruido a cuestas
y los que siempre esperan
hallarle en un milagro,
(perrillos recogiendo migajas
debajo de la mesa).
De verdad, no sé por qué lo digo,
pero tampoco sé como callarlo.
Hoy he estado con Él. Alfarero divino,
y al decirlo me quiebro
como barro que arde.
Pecado de intención
mas no de hecho,
si es del todo imposible
explicar lo inefable.
Rodolfo Loyola
pero no es apropiado que lo diga.
¡Se está tan bien junto a tus pies,
huérfano de palabras,
saturado de besos y perfumes
como María en Betania!
Hoy palpé su presencia
como nunca. Me desnudé ante Él,
¡y era tan transparente su mirada!
Girasoles de oro
poblaban el espacio
entre su ser y mi alma.
Y aquí estoy, como Adán
profanando su huerto,
tomando del fruto prohibido
escribiendo un poema
que debió ser inédito.
¡Que bueno fue llorar de amor y asombro!
A mi me pareció que no era azul,
pero eso es lo de menos.
Se llega con el alma desflecada
a pedir nuevas velas por si hay pesca.
Y te das cuenta que en su mar adentro
ni una gaviota cae sin que Él lo sepa.
Y es tan íntimo el gozo,
tan sublime el silencio,
tan tímidos los gestos...
Y afuera el tiempo con el ruido a cuestas
y los que siempre esperan
hallarle en un milagro,
(perrillos recogiendo migajas
debajo de la mesa).
De verdad, no sé por qué lo digo,
pero tampoco sé como callarlo.
Hoy he estado con Él. Alfarero divino,
y al decirlo me quiebro
como barro que arde.
Pecado de intención
mas no de hecho,
si es del todo imposible
explicar lo inefable.
Rodolfo Loyola
Primera cita, Rodolfo Loyola
“Bienaventurado el que tiene recuerdos que pueden fortalecer
su espíritu” H. Carossa
Esta noche contigo, ¡que alegría!,
se ha hecho corta y difícil de olvidarla.
Tu llegaste puntual cual viejo amante,
yo te ofrecí mis besos triangulares.
Tu tomaste mi orgullo por el tronco
y lo desarraigaste con tu aire.
Se veía la luna tan pequeña, sin frío
bañándose en la fuente con burbujas de plata;
y yo, como Romeo, prometiendo y jurando,
y Tú, tan comprensivo tomaste mi palabra.
Después yo no sabía, si este encuentro vivido,
se este inédito gozo era para gastarlo...
Y no fue mi camino de Damasco, Dios mío,
aunque oí tu llamada como Saulo de Tarso.
Rodolfo Loyola
su espíritu” H. Carossa
Esta noche contigo, ¡que alegría!,
se ha hecho corta y difícil de olvidarla.
Tu llegaste puntual cual viejo amante,
yo te ofrecí mis besos triangulares.
Tu tomaste mi orgullo por el tronco
y lo desarraigaste con tu aire.
Se veía la luna tan pequeña, sin frío
bañándose en la fuente con burbujas de plata;
y yo, como Romeo, prometiendo y jurando,
y Tú, tan comprensivo tomaste mi palabra.
Después yo no sabía, si este encuentro vivido,
se este inédito gozo era para gastarlo...
Y no fue mi camino de Damasco, Dios mío,
aunque oí tu llamada como Saulo de Tarso.
Rodolfo Loyola
26.10.04
Peldaño, Rodolfo Loyola
¡Oh muerte, tú no inquietas
con tu aguijón sombrío
al que lleva su alma
del ideal en alto.
Tú eres tortura y pánico;
enigma indescifrable
para el que sólo espera
lo terrenal y vano.
Pero a los otros,
los de eterna esperanza,
los de ambición hermosa,
no eres más que un peldaño
inevitable y útil
para escalar la gloria.
Rodolfo Loyola
con tu aguijón sombrío
al que lleva su alma
del ideal en alto.
Tú eres tortura y pánico;
enigma indescifrable
para el que sólo espera
lo terrenal y vano.
Pero a los otros,
los de eterna esperanza,
los de ambición hermosa,
no eres más que un peldaño
inevitable y útil
para escalar la gloria.
Rodolfo Loyola
Pegado a ti, Rodolfo Loyola
Estoy pegado a ti como una liana,
enredado en tu savia,
hecho polvo en el hueco de tu mano,
diluido en tu esencia,
como un idealizado Sancho ligado a su Quijote,
cabalgando y viviendo al borde de tus huellas.
Soy lo correlativo,
no tengo nombre propio, tu me nombras,
con un ínfimo gesto,
con un guiño me quiebras,
solo con desearlo, me envías o me llevas.
Estoy pegado a ti como un siamés del alma,
y en la danza de las desigualdades,
soy el uno mas uno igual a uno de tu divina matemática.
Me tienes contenido en tu inmateria,
tan sin secreto,
tan averiguado y transparente,
que me crecen cristales y luces en la noche.
Estoy a la deriva de mi mismo,
aunque seguro y atrapado
en el vórtice de tu todo infinito.
No tengo más origen
que la esperanza del lucido ladrón crucificado.
Soy una consecuencia,
un efecto, un satélite,
sombra, imagen, soplo,
eco, transpiración, reflejo.
Si en la eterna jornada de tu tacto,
sientes el cosquilleo de mi intimo reclamo,
permíteme seguir parasitando
en tu costado abierto
hasta el alba más alba.
Soy libre...
rotundamente libre;
sigo pegado a ti,
no peso nada...
nada.
Rodolfo Loyola
enredado en tu savia,
hecho polvo en el hueco de tu mano,
diluido en tu esencia,
como un idealizado Sancho ligado a su Quijote,
cabalgando y viviendo al borde de tus huellas.
Soy lo correlativo,
no tengo nombre propio, tu me nombras,
con un ínfimo gesto,
con un guiño me quiebras,
solo con desearlo, me envías o me llevas.
Estoy pegado a ti como un siamés del alma,
y en la danza de las desigualdades,
soy el uno mas uno igual a uno de tu divina matemática.
Me tienes contenido en tu inmateria,
tan sin secreto,
tan averiguado y transparente,
que me crecen cristales y luces en la noche.
Estoy a la deriva de mi mismo,
aunque seguro y atrapado
en el vórtice de tu todo infinito.
No tengo más origen
que la esperanza del lucido ladrón crucificado.
Soy una consecuencia,
un efecto, un satélite,
sombra, imagen, soplo,
eco, transpiración, reflejo.
Si en la eterna jornada de tu tacto,
sientes el cosquilleo de mi intimo reclamo,
permíteme seguir parasitando
en tu costado abierto
hasta el alba más alba.
Soy libre...
rotundamente libre;
sigo pegado a ti,
no peso nada...
nada.
Rodolfo Loyola
25.10.04
Yo soy la higuera, Rodolfo Loyola
Señor, yo soy la higuera
frondosa, pero estéril
a la que Tú llegaste
pidiéndole sus frutos.
Sabía que vendrías
a buscar lo que es tuyo,
y ya ves, sólo hojas
inútiles me cubren.
Señor, yo tuve flores
casi, casi cuajando,
y presentí la dicha
de brindarte mi miel,
pero vientos extraños
de dudas y pasiones
en ráfagas continuas
las hicieron caer.
Mas, oh Señor, te ruego,
granjero de las almas,
que me des otro año,
y abona mi dolor;
que espero ver las ramas
por el fruto inclinadas
compensando con creces
tu amor y tu perdón.
R. Loyola
frondosa, pero estéril
a la que Tú llegaste
pidiéndole sus frutos.
Sabía que vendrías
a buscar lo que es tuyo,
y ya ves, sólo hojas
inútiles me cubren.
Señor, yo tuve flores
casi, casi cuajando,
y presentí la dicha
de brindarte mi miel,
pero vientos extraños
de dudas y pasiones
en ráfagas continuas
las hicieron caer.
Mas, oh Señor, te ruego,
granjero de las almas,
que me des otro año,
y abona mi dolor;
que espero ver las ramas
por el fruto inclinadas
compensando con creces
tu amor y tu perdón.
R. Loyola
Otra vez el burro, Rodolfo Loyola
Esto no es un poema
¿y qué más da?
Esto es un rebuzno sangrante.
Yo soy el pobre burro que quiso ser jinete.
Yo estuve atado hasta
que mi Señor me hubo menester.
Yo he sido un burro
de multitudes entusiasmadas,
de ruidosas entradas triunfales;
un burro útil, manso a veces.
He tenido burradas a montones,
como esa de alimentar mis orejotas
con la palabra reverendo,
o de tomar un poco de los vítores
o de las bienvenidas
que pertenecen al Rey,
a mi Rey, al buen Rey;
que a pesar de saberme
con esas intenciones típicas de la raza
me acaricia los lomos del orgullo
para decirme: “Anda,
que aún te estoy domando.
No hay nada más valioso
para poder entrar, triunfante y a morir
en las ciudades de las almas
que un buen burro,
sin aparejos de doctor,
firme y pequeño
que deje ver mi gloria”
Rodolfo Loyola
¿y qué más da?
Esto es un rebuzno sangrante.
Yo soy el pobre burro que quiso ser jinete.
Yo estuve atado hasta
que mi Señor me hubo menester.
Yo he sido un burro
de multitudes entusiasmadas,
de ruidosas entradas triunfales;
un burro útil, manso a veces.
He tenido burradas a montones,
como esa de alimentar mis orejotas
con la palabra reverendo,
o de tomar un poco de los vítores
o de las bienvenidas
que pertenecen al Rey,
a mi Rey, al buen Rey;
que a pesar de saberme
con esas intenciones típicas de la raza
me acaricia los lomos del orgullo
para decirme: “Anda,
que aún te estoy domando.
No hay nada más valioso
para poder entrar, triunfante y a morir
en las ciudades de las almas
que un buen burro,
sin aparejos de doctor,
firme y pequeño
que deje ver mi gloria”
Rodolfo Loyola
Si nos queda la esperanza, Rodolfo Loyola
Aunque el rumor de la olas
agite la pobre barca,
y los remos ya no alcancen a surcar
con impulso el agua.
Aunque la playa se aleje
y no se vislumbre un nauta,
y este llegando la noche
a lluvia y viento abrazada...
Ni un solo grito lancemos
¡Por Dios, no digamos nada!,
que todo no se ha perdido
si nos queda la esperanza.
Si acosados por los hombres
que sirven a la ignorancia,
no escuchan nuestras verdades
y burlan nuestras plegarias;
si de escasez y dolores
se ha llenado nuestra casa,
y vemos que ya los lobos
se ensañan de la manada.
Y aun al borde del abismo
la muerte implacable llama...
¡Ni un solo grito lancemos
Por Dios, no digamos nada!
Que todo no se ha perdido
si nos queda ... la esperanza.
Rodolfo Loyola
agite la pobre barca,
y los remos ya no alcancen a surcar
con impulso el agua.
Aunque la playa se aleje
y no se vislumbre un nauta,
y este llegando la noche
a lluvia y viento abrazada...
Ni un solo grito lancemos
¡Por Dios, no digamos nada!,
que todo no se ha perdido
si nos queda la esperanza.
Si acosados por los hombres
que sirven a la ignorancia,
no escuchan nuestras verdades
y burlan nuestras plegarias;
si de escasez y dolores
se ha llenado nuestra casa,
y vemos que ya los lobos
se ensañan de la manada.
Y aun al borde del abismo
la muerte implacable llama...
¡Ni un solo grito lancemos
Por Dios, no digamos nada!
Que todo no se ha perdido
si nos queda ... la esperanza.
Rodolfo Loyola
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